¿Qué es la Bioestimulación Radicular en hortalizas?

La bioestimulación radicular en hortalizas es una práctica agronómica que consiste en aplicar productos que contienen sustancias o microorganismos que favorecen el desarrollo, la salud y la función de las raíces de las plantas. El objetivo es mejorar el rendimiento y la calidad de los cultivos, así como la resistencia a factores bióticos y abióticos.

Las hortalizas son cultivos que requieren de un buen sistema radicular para poder aprovechar los nutrientes, el agua y el oxígeno del suelo, así como para prevenir o tolerar el ataque de patógenos como la fusariosis.

Para lograr una bioestimulación radicular en hortalizas efectiva, se deben considerar varios aspectos, como la preparación del suelo, la nutrición de la planta, el manejo de plagas y enfermedades, y la aplicación de bioestimulantes adecuados. A continuación, te voy a explicar cada uno de estos aspectos con más detalle.

Preparación del suelo

El suelo es el medio donde se desarrollan las raíces, por lo que debe tener una buena estructura, textura, porosidad y humedad. Para ello, se recomienda realizar un laboreo adecuado con implementos que no compacten ni erosionen el suelo, como rastras, subsoladores o rotores. También se puede aplicar productos mejoradores de suelo, que ayudan a romper la dureza, mejorar la infiltración y favorecer la actividad biológica. Estos productos pueden ser de origen orgánico, como compost, humus o extractos de lombriz, o de origen químico, como ácidos orgánicos, quelatos o surfactantes. Para monitorear el estado del suelo, se puede utilizar una herramienta llamada penetrómetro, que mide la resistencia que ofrece el suelo al paso de una varilla.

Tractor dentro de invernadero

Nutrición de la planta

La planta necesita de una nutrición balanceada y acorde a su etapa fenológica para poder expresar su potencial genético y producir frutos de calidad. Para ello, se debe realizar un análisis de suelo y de tejido vegetal, y aplicar los fertilizantes necesarios, ya sean líquidos, solubles o granulados. Los nutrientes más importantes para las cucurbitáceas son el nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio y boro. El nitrógeno es esencial para el crecimiento vegetativo, el fósforo para el desarrollo radicular y la floración, el potasio para el llenado y la calidad de los frutos, el calcio para la firmeza y la prevención de la pudrición apical, el magnesio para la fotosíntesis y el boro para la polinización y el cuajado. Se debe tener cuidado de no aplicar excesos ni deficiencias de estos nutrientes, ya que pueden causar problemas como clorosis, necrosis, deformación, rajado o aborto de frutos.

Manejo de plagas y enfermedades

Las hortalizas son susceptibles al ataque de diversos insectos, ácaros, nematodos, hongos, bacterias y virus, que pueden afectar el sistema radicular y la parte aérea de la planta. Para prevenir o controlar estos problemas, se debe realizar un monitoreo constante del cultivo, y aplicar medidas de manejo integrado, que incluyen el uso de variedades resistentes o injertos, la rotación de cultivos, la eliminación de residuos, el control biológico, el uso de trampas o barreras, y el uso de productos fitosanitarios. Entre los productos fitosanitarios, se pueden utilizar bioestimulantes que contienen microorganismos benéficos, como hongos micorrízicos, bacterias fijadoras de nitrógeno o solubilizadoras de fósforo, o extractos de plantas, como ajo, neem o canela, que tienen propiedades antifúngicas, antibacterianas o repelentes.

Aplicación de bioestimulantes

Los bioestimulantes son productos que contienen sustancias o microorganismos que estimulan el desarrollo, la salud y la función de las raíces de las plantas. Estos productos se pueden aplicar desde la etapa de plántula, en el trasplante, o durante el ciclo del cultivo, ya sea por vía radicular o foliar. Entre los bioestimulantes más utilizados se encuentran los siguientes:

Enraizadores

Son productos que contienen sustancias que favorecen la formación de raíces nuevas y pelos absorbentes, lo que aumenta la superficie de contacto con el suelo y la absorción de nutrientes y agua. Estas sustancias pueden ser de origen natural, como auxinas, citoquininas, ácido indolacético, ácido giberélico, ácido ascórbico, o de origen sintético, como ácido naftalenacético, ácido indolbutírico, ácido 2,4-diclorofenoxiacético, o ácido 3-indolilbutírico. Estos productos se pueden aplicar en el sustrato de la plántula, en drench, o en el sistema de riego.

 
Pelos absorbentes de una raíz de hortaliza.
Pelos abosorbentes de una raíz de jitomate

Extractos de algas

Son productos que contienen extractos de algas marinas o de agua dulce, que tienen una gran variedad de compuestos bioactivos, como aminoácidos, vitaminas, minerales, polisacáridos, fitohormonas, antioxidantes y enzimas. Estos compuestos estimulan el crecimiento y la división celular, la síntesis de clorofila, la floración y el cuajado, la resistencia al estrés hídrico, salino o térmico, y la activación del sistema de defensa de la planta. Estos productos se pueden aplicar por vía foliar o radicular, solos o en combinación con otros fertilizantes o fitosanitarios.

Ácidos húmicos y fúlvicos

Son productos que contienen ácidos orgánicos que se forman por la descomposición de la materia orgánica del suelo. Estos ácidos mejoran la estructura, la fertilidad y la actividad biológica del suelo, así como la disponibilidad y la movilización de los nutrientes. También estimulan el desarrollo y la función de las raíces, la respiración, la fotosíntesis, la síntesis de proteínas, la floración y el llenado de los frutos, y la resistencia a enfermedades. Estos productos se pueden aplicar por vía radicular, solos o en combinación con otros fertilizantes o fitosanitarios.

Ácidos carboxílicos

Son productos que contienen ácidos orgánicos que se forman por la descomposición de la cascarilla de arroz1. Estos ácidos estimulan la exudación radicular, que es la liberación de compuestos orgánicos por las raíces, lo que favorece el desarrollo de los microorganismos benéficos del suelo, que a su vez ayudan a la solubilización y la asimilación de los nutrientes2. También estimulan la formación de raíces nuevas y pelos absorbentes, la respiración, la fotosíntesis, la síntesis de proteínas, la floración y el cuajado, y la resistencia a enfermedades. Estos productos se pueden aplicar por vía radicular, solos o en combinación con otros fertilizantes o fitosanitarios.

Como puedes ver, la bioestimulación radicular en hortalizas es una práctica muy importante para el cultivo de sandía, que te puede ayudar a mejorar el rendimiento y la calidad de tus frutos, así como a reducir los costos y el impacto ambiental de tu producción. Si te interesa aprender más sobre este tema, te invito a que te inscribas al curso de Estrategias de Bioestimulación que inicia en el 05 de Marzo. En este curso, aprenderás los principios, los beneficios, los tipos y las formas de aplicación de los bioestimulantes, así como las experiencias y los resultados

Fuente consultada:


0 Comments

Deja una respuesta

Avatar placeholder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.